VIÑETA NÚMERO 23.
Descripción: en esta viñeta podemos ver un niño que llega a clase con su maletita, y va pensando en sus juguetes, juegos y sus cosas de niños. Saluda con un “buongiorno” (buenos días en italiano). La profesora con sus pensamientos de lengua, matemáticas, historia, le contesta con un “ciao caro” (hola queridos). El bocadillo que recoge los pensamientos de la profesora adopta la forma de cabeza con ojos y boca que se abre para engullir los pensamientos del niño.
En primer lugar decir que quizás esta sea un aula de Italia y por eso hablen en ese idioma, en este caso no habría ningún problema con el lenguaje. Pero en el caso de ser una escuela española sí que le veo más inconveniente.
Yo pienso que está bien introducir los idiomas en edades tempranas, pues así los niños tendrán mayor facilidad para aprenderlos. Pero el problema radica en el tipo de idioma que se enseña, a ver si me explico. Veo bien que se enseñe por ejemplo el inglés que es uno de los idiomas más internacionales, pero no que se le exija al niño saber un idioma no tan útil, por así decirlo.
De ser una escuela española, lo del idioma acompaña al resto de la imagen a la hora de criticar la excesiva exigencia de los profesores para con los alumnos.
Como vemos, el niño piensa como lo que es, un simple niño: en sus juegos, sus travesuras, sus curiosidades etc. Pero al llegar a la escuela, su pensamiento es literalmente absorbido por el de la profesora, quien trata de incluir sustituir el pensamiento de UN NIÑO por el de UN MAYOR.
Parándome a pensar creo que los padres también tienen algo que ver en este tema pues en ocasiones les asignan circunstancias o les enseñan cosas más pronto de lo que debieran a sus niños, pues les es muy gratificante que sus vecinos vean como su hijo es “superdotado” (es la palabra que ellos le asignan a un niño que tiene mucha idea pero que en realidad no es superdotado). Me recuerdan a mi suegra cuando dice: “la Paula es superdotada” “el niño es superdotado”, cuando habla de sus nietos.
Con todo esto quiero decir que a veces, aunque el hecho de ver cuánto saben nuestros niños tan pequeños nos enorgullezca, enseñarles algo de modo prematuro puede no resultar tan positivo para ellos, pues hay tiempo para todo en esta vida, y lo último que deberíamos de hacer es cohibirlos de su infancia temprana de juego y exploración, para iniciarles prematuramente en el mundo de los mayores… dejémosles ser niños…

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