VIÑETA NÚMERO 16.
Descripción: en esta viñeta podemos ver una especie de examen oral en el que el profesor le dice al niño: “¡test uno! ¡Eleva la zurda!”. Al niño toda la palabrería del profesor le viene sonando a chino y no sabe cómo actuar. Cuando éste se retira, el profesor emite su diagnóstico de: “Retraso grave. Se aconseja aula especial”.
Aunque ésta situación parezca irreal, tiene mucho de cierto. En ocasiones utilizamos palabras que no sabemos ni si están bien empleadas, pero sobretodo entre adultos, creemos que nos hacen más interesantes, y lo que no sabemos es que si nos aplicamos de un modo correcto, podemos meter un poco y mucho la pata. A la hora de tratar con los niños esto no es necesario, pues para ellos ya somos dioses incluso antes de abrir la boca. Por ello, debemos emplear un vocabulario a su medida y nunca juzgar a la primera como este profesor, ¡digo! “Retraso grave. Se aconseja aula especial”. En todo caso sí repetir con otras palabras o explicar de otro modo. Esto es muy importante también porque no todos los niños tienen los mismos conocimientos acerca de las palabras, todo depende mucho del contexto. Por ejemplo no son iguales los términos usados en el norte de España que en el sur, en una familia paya que en una gitana, en un pueblo que en la ciudad, viviendo con los abuelos que entre gente joven, etc.
Así en esta situación se ha producido un mal entendido por una mala explicación, que puede tener consecuencias negativas para ese pobre niño, pues si lo llevan al aula especial sin necesitarlo ahora sí que tendrá un retraso.
Para finalizar contaré una experiencia relacionada con males entendidos por malas explicaciones:
Cuando yo era pequeña, cada cierto tiempo nos hacían un reconocimiento médico en hora de clase, e íbamos con los profesores al consultorio médico. Nos ponían la vacuna, nos pesaban, nos medían, y nos hacían la prueba de la vista. Llego yo y me dice la médica: “tápate un ojo con la mano para que no veas”, pues claro yo me apreté tan fuerte como para no ver. Cuando me tocó cambiar de ojo, me había apretado tanto que veía borroso y salió mal la prueba con ese ojo. Casi me ponen gafas, sin necesitarlo, por un mal entendido.

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