jueves, 31 de marzo de 2011

viñeta 7

VIÑETA 7.


Descripción: en la viñeta número 8, observamos cómo un niño y una niña están jugando a indios y pistoleros. La niña es el indio, y el niño el pistolero. Ella, se arroja encima de él para atacarle, y cuando está a punto de vencerlo, llega la madre y le dice a la niña: “¡deja de hacer el machito! ¡ve a jugar con tus juguetes!”; “sí, mamá...” contesta la niña. En la siguiente imagen, aparece la niña con el vestidito, el lacito en la cabeza y jugando con la pelota a dar toques con la pared. La expresión de su cara es de tristeza y resignación.
¿Qué problema hay en que una niña juegue a los indios? ¿y a los coches? ¿y que un niño juegue a las cocinitas o a las muñecas?.
Pues sí que hay un problema, y es nuestra ideología retrógrada. Como siempre dice la profesora, y con toda la razón del mundo, desde que nacemos se nos empieza a diferenciar a las niñas de los niños; a ellas les pertenece el color rosa y a ellos el azul, siendo un disparate que se haga al contrario. Desde que nacemos adoptamos unos estereotipos u otros, dependiendo del sexo al que pertenezcamos.
Los juguetes y las actividades lúdicas, son el mejor mecanismo para que los niños se desarrollen, aprendan y conozcan su realidad. Desgraciadamente aquí también existen los estereotipos, y son más los juegos y juguetes que diferencian entre sexos, que los que menos. Por no decir nada de los juguetes sexistas como el set de limpieza para la niña, la cocinita y la plancha.
Yo, personalmente no le veo problema al hecho de que un niño se ponga ropa rosa o haga las tareas de la casa, es más, me gusta, pero si que veo “extraño” que lleve falda o vestido o que juegue a las Barbis. Esto se debe a las ideas que nos inculcan desde pequeños, y ahí es donde debemos de actuar.
Cada vez más, los niños entran a edades más tempranas a las escuelas infantiles, y quizá esto sea una ventaja a la hora de cambiar estas absurdas ideologías sexistas que tenemos. Así, es tan importante que el profesor no diferencie entre niño y niña(en elogiar un trabajo u otro, en vestimenta, en juegos, en colores...), cómo que los padres colaboren en ello. Esta es una tarea difícil, pues supone un esfuerzo extra por parte del profesor y un cierto acuerdo con los padres, pero como decía la golondrina, de mi película de dibujos, Pulgarcita: “ nada es imposible”. Así os animo a que en un futuro, bien como profesores o bien como padres, colaboréis para acabar con los estereotipos.

Posdata: Yo siempre quise tener un coche teledirigido y nunca me lo compraron porque “era de niños”, sin embargo, los vestidos pomposos y los pasadores del pelo que tanto odiaba, abundaban en mi armario.

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